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Nos acercamos al inicio del curso escolar y al temido y famoso “período de adaptación” Pero ¿sabemos realmente lo que significa? ¿Sabemos lo que implica?

Según la RAE adaptarse significa ‘Acomodar(se) o ajustar(se) a algo o a alguien, haciendo las modificaciones oportunas’. Si lo llevamos al contexto escolar vendría siendo algo así: ‘Acomodar(se) o ajustar(se) al nuevo entorno escolar con una persona nueva (que no conozco de nada), haciendo las modificaciones oportunas (¿no llorar?).

Visto así suena muy duro ¿verdad? ¿Por qué son los niños y niñas los que tienen que hacer adaptaciones para encajar en el mundo de los adultos? ¿Por qué no ofrecer a los niños y niñas un entorno en el que se sientan seguros y respetados?

Durante un “período de adaptación” los niños y niñas salen de su entorno conocido, con adultos con los que tiene una conexión especial, de su ambiente seguro, para incorporarse a un nuevo espacio que no conocen, con un adulto completamente nuevo, en un primer momento y si el niño o niña está bien acompañado, por la propia naturaleza exploratoria que poseen, se sienten curiosos y expectantes y aquí es donde es importante crear una buena primera impresión

Lo que la sociedad normalmente espera es que los niños y niñas lloren un montón durante ¿dos? ¿tres? semanas, a veces hasta más, un período en el que lo pasan realmente mal y en el que no se tienen en cuenta sus necesidades y que tristemente se tiene muy normalizado, pero estamos aquí para romper con lo esperado y ponerles a ellos en el centro, empoderándolos de su propio proceso.

Y os preguntaréis ¿Qué necesitan durante este proceso? Amor, comprensión, seguridad, una figura de referencia para ellos y mucha, mucha paciencia. En realidad, es un período en el que no tendrían que pasarlo mal, en el que, si se les acompaña desde el respeto y escuchando sus necesidades, puede ser un proceso muy bonito, un proceso de CONEXIÓN más que de adaptación, en el que los niños y niñas encuentren en su nuevo ambiente aquello que necesitan para su bienestar, que en cada uno de ellos y ellas es completamente diferente. 

 

¿Cómo debería ser ese proceso de conexión al nuevo ambiente?

 

En Alma Montessori llevamos a cabo varias estrategias para ayudar a que este proceso sea lo más respetuoso y fácil para nuestros-vuestros peques.

  • En una primera reunión individualizada entre la familia y la escuela en la que comentaremos preferencias, rutinas y particularidades de cada uno/a, comenzamos a crear esta conexión con los peques ya que para nosotras es imprescindible que acuda toda la familia a esta reunión, así comienzan a tener un primer contacto con este nuevo entorno.
  • Nos adaptamos a cada uno de los alumnos que acceden a nuestra escuela, algunos necesitan un proceso mas largo para crear nuevas conexiones, otros necesitan tener cerca a sus referentes directos (madre, padre, abuelos…) nosotras observamos y acompañamos cada necesidad.
  • Recomendamos siempre que haya una buena comunicación con los peques y que se les explique en todo momento lo que va a pasar “ahora vas a quedarte y mamá/papá va a ir a trabajar, en un ratito volvemos a por ti”, si son mas pequeñitos podemos hacer una explicación mas corta, pero lo que consideramos imprescindible es que os despidáis, al no hacerlo y verse de repente solos sin su figura de apego, tienen una sensación de abandono muy intensa, lo que hará que la relación con el nuevo entorno sea mucho mas difícil.
  • Los primeros días la jornada en la escuela es mas corta, vienen todos los días un ratito de unos 45 min aprox., que va aumentando progresivamente conforme vemos que van avanzando en su propio proceso.
  • Es muy importante la presencia de la figura de apego dentro del aula en este proceso, poco a poco van cogiendo confianza con la nueva persona referente y esta figura de apego principal de la familia suele restar importancia en la escuela. Durante estos tiempos de COVID hacemos malabares para respetar las restricciones y poder cumplir con este punto tan imprescindible en el proceso de conexión con el nuevo ambiente.